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Redimensionando al Diseñador | Compartiendo batuta con el Cliente

Desde lo ya instaurados avisos donde se solicita diseñador “dispuesto a trabajar bajo presión” hasta el arraigado mito de “yo no entiendo de diseño, eso te lo dejo a ti que eres el experto”, la vida del diseñador es un balanceo constante entre el éxito y la demanda. ¿Por qué hay clientes que te aman con locura y pasión, y otros te tratan como a un esclavo?

Diecinueve años por estas calles y un video del YouTube visto en el 2009 son los ingredientes principales de este post donde experiencias propias y ajenas arman una propuesta ideológica, con aderezo new-age, de que si no se va a estar en la cumbre, al menos nos coloquemos al lado del cliente.

Saludos, mi nombre es Alirio García y soy diseñador gráfico, egresado del Instituto de Diseño de Valencia (IDV), Venezuela y laborando de forma autónoma básicamente desde que me gradué en 1997. En aquel entonces las opciones eran mudarme para Caracas para hacer carrera en las agencias, o comenzaba por mi cuenta a ver que tal…

Lo segundo le ganó a lo primero y como es frecuente en esta profesión, armado básicamente con 3 años de instituto y la experiencia de mis trabajos anteriores comenzó el periplo de quien tiene el cerebro y la inspiración como fuentes de ingreso.

Tras 10 años donde la calle formó mi perfil profesional, con el status quo que define de forma general a la profesión, me topé con este video en YouTube y las piezas comenzaron a encajar…

http://www.youtube.com/watch?v=M5M5WEK6pAg

¡Pero si lo resolviste en un momentito! | Diseño o prostitución

El tema no es exclusivo de los diseñadores, ni de ciertos países. A otros profesionales y en otras regiones, la subvaloración del término “honorarios profesionales” es el pan nuestro de cada día. Es el motivo principal del aviso que colocan muchos juristas que reza: “cada consulta genera honorarios”. Pero no deja de ser positivo, ver los problemas propios, en la piel del otro.

No ayuda mucho la impresión de “fácil” que tienen nuestros métodos laborales, o más específicamente nuestros métodos de creación. Aunque se tenga el rigor de un alquimista de la Edad Media en el proceso investigativo del proyecto a ejecutar, ese 5% de inspiración siempre pesa más que el 95% de transpiración que completa el trabajo. ¡Pero si lo resolviste en un momentito!

Sumamos condena los que hemos dado al cliente la oportunidad (u oportunidades) de presenciar este proceso. Craso Error. Con el pasar del tiempo, para proteger mi proceso creativo y mis honorarios, he desarrollado este argumento cuando se da la ocasión: “No me dedique a la prostitución para no tener que trabajar con el cliente encima”. ¿Diseño o prostitución?

Es ya un lugar común ya enumerar las situaciones presentadas en la vida del diseñador, como:

  • Las imprentas que no cobran al cliente “el diseño” en aras de ganar la impresión y por consiguiente no están dispuestas a pagar el diseño.
  • Los interminables cambios y sugerencias del cliente con familia numerosa y exceso en la libertad de opinión.
  • El clásico “Nos vas a cobrar barato porque este es el primero de muchos trabajos que vamos a hacer contigo, porque tú sabes que mí me encanta como tu diseñas y por fin he encontrado a alguien que sabe interpretar exactamente lo que yo tengo en mi cabeza…”
  • Amén a los clientes que quieren ¿diseñar contigo o a través de ti?

 

“Tu vida no mejora por casualidad, mejora con cambios”  | Jim Rohn empresario, autor y orador motivacional

Ajá muy bonito Mr Rohn pero, ¿Y cuáles son esos cambios?

Cuando no se tiene un norte claro, lo que nos gusta de otros es una buen guía

La enseñanza de la disciplina suele estar estructurada de forma que los estudiantes aprendan sobre los múltiples aspectos de esta profesión. Salvando especializaciones en la temprana edad del estudio, la gran mayoría engrosa el mercado laboral “sabiendo un poco de todo” quedando entonces ese recorrido inicial de trabajadores, como el formador más contundente del perfil profesional que nos definirá en el futuro.

Para minimizar o acortar el tiempo que nos tome encontrar un rumbo que motive, ayuda mucho aprender de cabeza ajena, de casos de éxito cercanos o referenciales que puedan ilustrar eso que sentimos en nuestro interior, pero que no conseguimos definir con las palabras precisas, y mucho menos con una línea de acción clara. Al enfrentarnos a retos referenciales de alguien que ya alcanzó lo que queremos para nosotros, comprobamos que no es utopía y que entonces existe, no son fábulas. Si tal o cual persona hace esto o aquello, ¿por qué yo no? ¿Qué se necesita? ¿Cómo lo hace y cómo lo haría yo? O mejor aún ¿cómo lo hago?

Y los ¿Cómo? Se convierten en los primeros indicadores de cambio, cuando nos planteamos un ¿cómo? nos estamos planteando también la apertura a descubrir nuevos caminos, nuevas formas de hacer, enfocar, imaginar y realizar cosas que hasta ese momento no habían sido hechas por nosotros.

 

¿Cómo me gusta trabajar? | ¿Qué voy a ofrecer y que no? | ¿Cuánto y cómo cobrar?

Si hay algún punto importante en la vida de un diseñador, es precisamente cuando decide poner precio a su trabajo. ¿O deberíamos decir valor?

Y no me refiero a el precio de referencia que nos dio el amigo, el que se consigue en internet, etc. Hablo del valor que se asume por motus propio darle al trabajo que se realiza, a la valía que consideramos debe tener nuestro oficio. Desde luego que se incluye la investigación de como cobra el resto del mercado, de preguntar a todos los posibles, de buscar en Facebook, Twitter, LinkedIn, Instagram, Google, Bing,.. y luego de todo eso y con todos los parámetros de las dudas satisfechos en lo posible, la primera declaración de:

“Yo cobro _______ por proyecto, e incluye _______, y se entrega bajo estos parámetros y condiciones ____________”

Nadie sabe lo que tiene hasta que arregla su cuarto

Si no conocemos nuestros talentos y fortalezas ¿cómo sabemos dónde apoyarnos más?

Si no empezamos con un primer norte, ¿Hacia dónde vamos a comprar el primer boleto?

Y una vez estructurado nuestro trabajo, entonces…

 

…al Cliente con cariño

El Cliente ni sabe más, ni sabe menos.

No sabe más de diseño pero si sabe más de su producto y servicio.

No sabe si lo que le gusta va a funcionar, pero sabe “el costo” del costo del proyecto.

No sabe de equilibrio visual, pero sabe de su necesidad de comunicar las bondades de su producto.

Cuando leí a Milton Glaser declarar: “Solo puedes trabajar para gente que te agrada” se me abrieron las puertas del cielo

Es una regla curiosa que me llevó mucho tiempo aprender porque, de hecho, en los inicios de mi práctica sentía lo contrario. Ser profesional requería que no te gustara particularmente la gente para la cual trabajabas, o al menos que mantuvieras una relación laboral, lo que significaba no compartir un criterio más allá de los límites de la prestación del servicio. Hace algunos años me di cuenta de que lo opuesto era mucho mejor. Descubrí que todo el trabajo valioso y significativo que había producido, provenía de proyectos donde mantenía relaciones más afectivas con los clientes. El profesionalismo y el afecto pueden converger en un proyecto. Cuando conectamos con la visión de un cliente, con la proyección de un emprendimiento naciente, con las posibilidades de un negocio en puerta, pero además, en sentido contrario, nuestras propuestas son valoradas, nuestro criterio requerido por su aporte y la estética es admirada, tiene lugar una sinergia de talentos tan productiva como gratificante. Cliente y Diseñador pasan a ser uno fan del otro. Frecuentemente comento que como diseñador uno termina convirtiéndose en el vendedor número uno del su cliente, y en uno de los más interesados en el éxito del proyecto.

Es por ello que la dirección de atención ya no es el cliente, es más bien el cliente del cliente, quien en definitiva es el verdadero consumidor del trabajo de ambos.

Porque, una mano lava la otra y juntas.

 

 

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